toldos vela
junio 1, 2020

Aprende a cuidar tu toldo correctamente

Por admin

Cuando llega el verano, nuestro jardín, terraza o balcón es el lugar más concurrido. Si el espacio lo permite, allí tomamos el desayuno, un té en la tarde o compartimos con amigos y familia. Esto suena y es fantástico. Sin embargo, en ocasiones nos llevamos desagradables sorpresas cuando descubrimos que el toldo está roto, dañado o descolorido.

Cuando se adquiere este artículo, nuestro objetivo es disfrutar de la brisa y la tarde sin preocuparnos por el sol o la llovizna. Además que sea un elemento que proteja del polvo y demás suciedad que el viento arrastra consigo. Al momento de la compra, los vendedores siempre afirman que es un objeto de larga vida útil y que no deberemos preocuparnos por un cambio. Pero, para que eso sea una realidad hay que mantener ciertos cuidados.

Como muchas personas desconocen el manejo, sobre todo en estaciones como primavera u otoño, este artículo será de gran utilidad. Así, la próxima vez que decidas presumir de lona, estará intacta y reluciente como el día que llegó a casa.

Un toldo necesita más que agua y jabón

Cuando se pregunta a la gente sobre los toldos vela, todos conocen su función pero casi nadie su mantenimiento. Y como su mayor uso se da al final de la primavera y durante todo el verano, la única preocupación es evitar que la tela cambie por la exposición del sol. En otoño e invierno la situación cambia y, quizás, es el momento en el que más deterioro se produce.

1. Las hojas y ramas secas caen sobre la tela: el hecho es obvio. Si se trata de lonas que funcionan con mecánica, la acumulación de tierra y ramas secas se presenta en el compartimiento que guarda el toldo o se esconden dentro de las áreas que funcionan para abrir o graduar la nivelación de este artefacto.

2. La lluvia puede ser un gran enemigo: cuando terminan los días soleados y calurosos, los días se tornan grises y lluviosos. Es en estas temporadas de aguaceros cuando las telas pierden su color, se desgastan los filamentos que las mantienen tensas e incluso, se rompen por la acción del viento o la fuerza de las gotas de agua. En caso de vendavales, algunas estructuras se estropean e incluso, caen al suelo totalmente.

3. En invierno, la tela y la estructura se congelan: como ocurre con los coches y otros objetos, las temperaturas bajas hacen imposible su uso. En estos casos, lo único que se puede hacer es esperar a que las estructuras metálicas reciban algo de sol, se descongelen y permitan su manipulación. De esta forma, no se dañará el mecanismo encargado de abrirlo o cerrarlo. Si la situación es más complicada, es preferible desarmar el toldo de forma manual.

Para que no sufras estos inconvenientes, los fabricantes de toldos tienen varios complementos. El más popular es el detector de viento (en el que la estructura se guarda por sí sola). Esto no quiere decir que descuides a tu lona. Cada cierto tiempo retira el follaje que tenga y nunca lo retraigas si tiene agua empozada, ya que puedes causar daños eléctricos en su mecanismo o en todo tu hogar.